Todos los niños y adolescentes pasan por etapas difíciles. Que un día estén tristes o que una semana les cueste ir al colegio es normal. La clave está en fijarse en cambios que se mantienen en el tiempo y que afectan a su día a día.
Señales que conviene observar
- Cambios en el sueño o el apetito que duran varias semanas.
- Irritabilidad o rabietas más intensas o frecuentes de lo habitual para su edad.
- Aislamiento: deja de quedar con amigos o de disfrutar de lo que antes le gustaba.
- Miedos o preocupaciones que le impiden hacer cosas normales, como dormir solo o ir a clase.
- Bajada brusca del rendimiento escolar sin una causa académica clara.
- Quejas físicas frecuentes (dolor de tripa o de cabeza) sin explicación médica.
- Frases negativas sobre sí mismo: «soy tonto», «nadie me quiere», «todo me sale mal».
Qué puedes hacer en casa
Escucha sin juzgar, pon palabras a lo que crees que siente («te veo preocupado») y mantén rutinas estables. Evita restar importancia («eso no es nada») y también dramatizar.
Cuándo pedir ayuda
Si varias de estas señales se mantienen durante semanas o interfieren en su vida, consultar con un profesional es una buena decisión. No significa que «algo vaya mal»: significa darle herramientas a tiempo. Una primera conversación sirve para valorar si hace falta intervenir y cómo.
Este artículo es orientativo y no sustituye una valoración profesional.